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Finally : los Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda con un pie firme en el mercado de vino del Perú


La cercanía al mar influye en la acidez precisa de los vinos de Marlborough. Yealands Winery.

Ya por poco más de 4 décadas los Sauvignon Blanc de New Zealand, particularmente los Savvy de Marlborough nos han mal acostumbrado a una cierta perfección en su pureza de fruta, acidez cortante, específica, y su espectro de aromas en el que resalta casi de manera uniforme , lo que algunos definen como grass recién cortado, otros como  ruda,  maracuyá o espárrago, y que a mí personalmente se me antoja como  la fragancia de hoja de tomate. Hagan la prueba, froten una hoja de tomate fresca y lleven los dedos a la nariz. Es en realidad, un aroma punzante entre dulce y herbal y me sorprende aún que no lo hayan hecho en fragancia pour l´homme. 

Ahí están también los otros aromas que se asocian frecuentemente a este estilo de vinos de la tierra de los guerreros sacalengua maorí (me pregunto si habrán ganado alguna guerra con ese truco): guava o guayaba, pomelo, gooseberry (algo similar al aguaymanto) y maracuyá. En cualquier caso, los Sauv Blanc de NZ han sido resultado de una higiene y metodologías muy minuciosas y uno imagina la fermentación llevada a cabo en condiciones quasi de laboratorio, con los winemakers y sus asistentes emperifollados en delantales, gorros y tapabocas de color blanco y los inevitables guantes quirúrgicos. Y  relucientes  tanques de acero inoxidable, como parte esencial de la coreografía del vino kiwi. 

Han tardado un tiempo en imponerse en el espectro vinero peruano, pero ya están aquí. Hasta hace pocos años recordaba con nostalgia y resignación de que no los volvería a saborear, fantásticas rendiciones como el Paretai de Matua, cuya acidez chispeante me hacía pensar en una noche estrellada; o el backdrop savory y sabroso del Wither Hills Rarangi. O el inolvidable Stich de Jackson Estate  y el Oyster Bay (que también hace un killer Chard). Para no mencionar a los más socorridos, como el alucinante Kim Crawford (marca que sorprendente, no tiene bodega propia, pero eso lo veremos en otro post) el Scott o el archiconocido Villa Maria, amén del sinnúmero de bodegas que gracias a las visitas que New Zealand Winegrowers hacía a mi hogar de entonces –Vancouver- cada tanto, pude disfrutar, tal vez más de 50. Incluso los de menor precio, como el Cupcake y el Monkey Bay, no defraudaban, Como decía al empezar este párrafo, es muy refrescante -valga el término- que hoy los  vinos kiwi tengan una presencia más estable en nuestro medio, gracias a, entre otros, Kiwine, que tiene una buena selección, con Forrester, Saint Claire (estos nos los he probado aun) y la excelente bodega Astrolabe. Incluso han abierto un local en Barranco donde se puede comprar y probar los vinos por copa, lo que es una buena iniciativa para mejorar la oferta local. 

 

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Bodegas Virtuales, Vinos Reales


Kim Crawford Sauvignon Blanc (750 ML)

CUANDO UNO BEBE UN BUEN VINO SE PIENSA EN EL TERROIR, en la tierra de donde viene, en el sol golpeando el verde dorado de las parras, en la bodega y su lóbrega tranquilidad vinosa, en el tiempo y los años que parecen pegarse a barricas, paredes, estantes cubiertos de botellas. Tener una bodega, hacer vino, es el sueño de muchos y es tan común como el sueño de escribir una novela: un sueño que solo pocos realizan.

Pero mientras que para escribir un libro solo se requiere lápiz y papel, el sueño de hacer vino parece mucho mas complicado: la tierra es cada vez mas cara, los equipos modernos también lo son, así como la mano de obra. Parece pues, un sueño imposible. Es así como que para romper ese maleficio nace la bodega virtual, las famosas virtual wineries.

En la bodega virtual el emprendedor  no es propietario de la tierra ni de los equipos, sino que compra las uvas y alquila bodegas cuya capacidad instalada excede la de su producción. El emprendedor del vino no es dueño de una prensa ni de una línea de embotellamiento. Ni siquiera tiene que ser un enólogo: si no conoce el tema a fondo contrata un experto que lo asesore en lograr el vino con el que sueña y paga a la bodega por almacenar su vino durante el añejamiento. Y aunque a algunos le suene a herejía, algunos de los vinos mas deliciosos que se encuentran en el mercado internacional son producidos por virtual wineries.

Un ejemplo clásico es el de Kim Crawford, etiqueta insignia de la industria vitivinícola de Nueva Zelanda y productora de uno de los Sauvignon Blanc mas impresionantes que uno pueda disfrutar por menos de 25 dólares.  Las uvas provienen de distintas localidades de las islas norte y sur del país Kiwi, mientras que la producción es dirigida desde Auckland e involucra varias bodegas diseminadas en distintas partes del país, que tienen espacio y capacidad disponible.

El fenómeno se ha extendido y aunque en algunos casos -como el de Kim, que es imperativo degustar para los amantes del Sauv Blanc– ha pasado a producir grandes volúmenes, sirve como vía a aquellos que tienen el sueño de producir un gran vino en pequeñas cantidades aunque suficientemente grandes como para entrar al mercado y cumplir el sueño de hacer su propio vino. Solo en los Estados Unidos hay más de 1700 bodegas virtuales, lo que responde al hecho de que como business model es muy atractivo. No se requieren grandes inversiones en tierra y equipo, da flexibilidad al productor y permite diferenciar el producto como un vino boutique, de pequeña produccion, alta calidad y alto precio.